Search This Blog

Sunday, November 10, 2013

Espías en el “sitio más extraño”

Espías en el “sitio más extraño”

Los espías de EE UU consiguieron infiltrarse en la Embajada española en Washington durante el franquismo con sofisticados métodos que ahora revela un investigador con documentos oficiales


ELPAIS_

Tras un intenso y duro día en la Casa Blanca, lleno de reuniones y entrevistas con sus asesores más cercanos como el teniente general George C. Marshall, que dirige las 200 divisiones del Ejército de Tierra norteamericano, el presidente Roosevelt se retira a su residencia. Según su diario, son las 23.45. Para él ha acabado el 29 de julio de 1942.
Lo que ocurre a unas manzanas de distancia no le quita el sueño. Hace media hora que tres ladrones y un experto cerrajero han penetrado sigilosamente en la Embajada de España en Washington para apoderarse de los códigos de comunicaciones españoles. “Demasiado bueno para ser verdad”, recuerda en sus memorias el entonces responsable de la operación secreta Donald Downes, un licenciado en Derecho por la Universidad de Yale, el arquetipo de espía modélico para algunos.
Los servicios de inteligencia estadounidense —entonces la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS)— han cumplido con una de las prioridades del Pentágono. Infiltrarse en la representación de Franco en Washington para obtener las claves telegráficas con las que descifrar los mensajes secretos que permiten conocer las intenciones de España. Los espías estadounidenses han trasladado a un apartamento cercano los 2.400 documentos oficiales sacados de la representación para copiarlos sin dejar huella.
Downes tiene todo pensado. Ha contratado a un joven neoyorquino que bautiza como Jimmy y que es experto en fotografía. Con su ayuda se han obtenido e instalado los más modernos adelantos tecnológicos para comprobar que no contienen sistemas de seguridad invisible. No quieren dejar rastro. Saben que no hay nadie en la embajada porque el personal está en una fiesta, que a su vez tienen vigilada. El trabajo termina a la 1.45, y el jefe del grupo, identificado por algunas fuentes como un independentista catalán desencantado de la Guerra Civil llamado Ricardo Sicre, que se ha nacionalizado estadounidense y que trabaja para la inteligencia norteamericana, devuelve los cuatro grandes maletines y coloca todo exactamente como estaba para que nadie se dé cuenta.
La escena bien podría ser de una novela de John le Carré o de un guion de Hollywood. Pero no lo es. Se trata de una reconstrucción de lo que ocurrió realmente y es resultado de decenas de documentos obtenidos en los Archivos Nacionales de Estados Unidos, muchos de los cuales han permanecido inéditos hasta ahora. Una gran parte de ellos han sido desclasificados expresamente durante la última década por petición del autor y publicados ahora por EL PAÍS. Su estudio y análisis permiten conocer cómo operaban ya entonces los servicios de espionaje estadounidenses.Durante un mes, hasta que se vuelva a cambiar la clave, Estados Unidos podrá leer con facilidad el tráfico diplomático entre Madrid y Washington. Downes y sus colegas repetirán la operación periódicamente coincidiendo con la modificación del cifrado.
El primer informe sobre la representación española en la capital estadounidense consiste en un resumen de una conversación con un informante al que identifica con la letra G. Posteriormente este pone en contacto a Downes con otra fuente que bautiza como S. Se desconocen sus identidades, aunque podría tratarse del general Asensio, agregado militar en Washington durante la Guerra Civil, y su mano derecha, Rafael Braje, que había dirigido el servicio secreto republicano. Una vez finalizada la contienda, ambos optaron por quedarse en la capital estadounidense y ponerse al servicio de los Aliados. Con la información que suministran estas y otras fuentes, confecciona un detallado archivo de las vidas privadas y oficiales de los miembros de la delegación, desde los cocineros hasta el embajador.
Sin miramientos morales, Downes asegura que el embajador, Juan Francisco Cárdenas, un convencido falangista, se caracterizaba por su “refinamiento sexual” en el sentido de que era “un pervertido con ambos sexos” que viajaba a Nueva York en búsqueda de chicos jóvenes bajo supuestas visitas médicas. Dentro de la embajada, sus dos principales fuentes son dos secretarias, María Arillaga y Beatriz Yriberry, ambas californianas y de ascendencia vasca.
Aun así, Downes decide que es preciso situar un agente de total confianza dentro de la embajada, junto al teniente coronel Molina, que custodia la caja fuerte donde están los códigos y la información más reservada. Para ello prepara una sofisticada treta. El primer paso es encontrar la candidata perfecta; luego, crear el hueco, y por último, que los españoles piquen el anzuelo y contraten a su agente como secretaria.
La candidata la encuentra a través de un amigo en uno de los colegios femeninos más afamados de la capital, Seven Sisters. Le pide que le “preste” durante el resto de la guerra una profesora que hable perfectamente español, pueda tomar dictado y escribir a máquina. En sus memorias, Downes la bautiza como “Mrs. G.”, aunque en los informes de la época se la denomina “Ella”, de unos 35 años, eficiente, educada, de “espíritu aventurero” y casada con un español. El perfil es ideal.
El segundo paso consiste en hacer el hueco en la embajada. Confirman que María y Beatriz viven en apartamentos de la avenida Connecticut, e inmediatamente “Mrs. G./Ella” se instala en uno de ellos y se fabrica una historia verosímil. Había venido a la ciudad para encontrar un trabajo bien pagado. Enseguida intima con las secretarias españolas y durante dos meses llega a conocerlas “mejor que ellas mismas”.
Superada esta meta, Downes vuelve a recurrir a sus conexiones y solicita a un alto ejecutivo de la multinacional International Telephone and Telegraph Company (IT&T) que le haga un favor de esos que solo se pide cuando la patria está en peligro. A los pocos días, The New York Times publica un anunció solicitando una secretaria. Mrs. G. aprovecha la ocasión para que sus amigas se fijen en el anuncio: “Eficiente joven soltera, capaz de convertirse en ejecutiva y que prefiera la carrera al matrimonio, es buscada por una gran corporación como secretaria. Debe hablar, leer, escribir y tomar dictado en español y en inglés. Deseable algo de francés. Dispuesta a viajar. Salario comenzará en 400 dólares mensuales. Rápidos ascensos para la joven apropiada. Solicitudes a N. Y. Times 374508 X”.

Informe ‘top secret’           



De: Hugh R. Wilson
Para: Allen W. Dulles
Referente a tu memorando del 27 de abril de 1942, creo que podría valer la pena establecer contacto con el embajador español. Mientras tanto, adjunto un documento altamente secreto un tanto morboso sobre la embajada:
La Embajada española es un sitio muy extraño, y el informante no sabía que existía algo así en ningún lugar del mundo. Se hace el trabajo muy mal, ninguna chica puede tomar nota correctamente y ninguno de los hombres puede dictar. Todos escriben sus cartas a mano y hablan con sus secretarias sobre el lenguaje de las cartas antes de que ellas las tecleen.
Sorprendentemente, hubo gran júbilo en la embajada cuando el bombardeo norteamericano en Tokio. Al parecer, la mayoría es proamericana, sobre todo en lo que se refiere a la guerra con Japón. Las dos excepciones son Silva y el agregado militar. Ellos son los únicos pronazis activos, además de una secretaria de nacionalidad argentina.
Cada secretaria tiene un protector. Siempre van juntos en pareja haciéndose confidencias y las chicas reciben pendientes y abrigos de piel, además de su sueldo, como una compensación ostensible por un trabajo confidencial y especial.
El personal y los diplomáticos pierden mucho tiempo cada día bebiendo manzanilla. Se celebra algo cada día.

La ficha del “maestro de espías”

Donald Downes, un graduado en Yale y profesor en un colegio privado, empieza su carrera de espionaje con la Oficina de Inteligencia Naval (ONI, en sus siglas en inglés) y la inteligencia británica a mediados de 1940. En 1941 se une al COI (Oficina de Coordinación de Información), que se convirtió en OSS (Oficina de Servicios Estratégicos, el antecedente de la CIA) en junio de 1942. En la OSS supervisa la infiltración en la Embajada española en Washington y de otros países neutrales para obtener los códigos secretos. Posteriormente lidera otra operación en el norte de África de penetración de agentes en el sur de España que terminó con una decena de ellos asesinados.
Todos pican el anzuelo y sale como estaba planeado. Una secretaria de la embajada acepta el trabajo del anuncio y, en agradecimiento, ayuda a Mrs. G. a sustituirla en la Embajada española. Una semana después, la secretaria-espía entrega personalmente a Downes el primer informe: “No pensaba que existiera un lugar igual en el mundo. Hay muy poco trabajo que hacer. Ninguna de las jóvenes sabe tomar dictado bien y ninguno de los hombres sabe dictar. Todos escriben las cartas a mano y luego discuten con las secretarias las palabras antes de dejarlas que las pasen a máquina”, explica.
“Ella” piensa que puede obtener la combinación de la caja fuerte porque el encargado de abrirla se la olvida con frecuencia y tienen que repetirle los números en voz alta. Sin embargo, para abrirla es necesaria otra llave que se guarda otro de los consejeros.
Downes busca otra opción. Contacta con un cerrajero de dudosa reputación, G. B. Sadie Cohen. Este adivina que se trata de una caja fuerte de la marca Wilson Safe Company modelo 1925 y recomienda un viejo truco. Sugiere que se golpee con un martillo de goma o cuero el anillo pequeño del sistema de apertura hasta dañarlo. Los españoles tendrán que llamar al representante y allí irá Cohen, quien, además de arreglarla, aprovechará para hacer una copia de la llave. Con esta planificación, la operación de infiltración resultó un éxito total.

El espionaje montado por Downes funcionó sin mayores problemas durante unos meses. Hasta una noche de octubre de 1942, cuando sobre las once recibe la llamada nerviosa de uno de sus hombres. “Hemos tenido que escapar. Acabábamos de entrar y nos preparábamos para abrir la caja fuerte cuando dos patrullas del FBI se detuvieron delante del edificio y encendieron sus sirenas. Despertaron a todo el mundo”, recapitula gráficamente en su biografía.


Fachada de la Embajada española en Washington en abril de 1939.
Por poco escaparon por el tejado y evitaron la situación embarazosa de ser detenidos por la propia policía norteamericana. Edgar Hoover, el director del FBI, había decidido poner fin a la operación clandestina de la OSS. “Habíamos tomado todas las precauciones imaginadas. Todas menos una: la posibilidad de ser traicionados por alguien situado tan alto dentro del Gobierno estadounidense para saber qué estábamos haciendo”, se lamentaría Downes años después.
La versión oficial de Hoover es distinta. Según el jefe del FBI, las sirenas que escucharon eran, en realidad, de la Policía Metropolitana que había sido enviada a los alrededores tras la llamada de un vecino alarmado por haber visto lo que creía peligrosos merodeadores. Lo más sorprendente es que aparentemente los españoles no supieron del incidente o, al menos, no le dieron importancia. Las investigaciones del FBI, que a partir de entonces se hizo cargo de la vigilancia, permitieron conocer casi todos los detalles del cuerpo diplomático español, desde sus contactos o conocidos hasta sus finanzas —sueldos, pagos, transferencias...—, al obtener los extractos bancarios de sus cuentas en Union Trust Company y del Riggs Nacional Bank.
El estudio de los archivos de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) que se custodian en College Park, en el Estado de Maryland, demuestra que lo ocurrido no era una excepción. Hay rastros de intercepciones y transcripciones de las comunicaciones secretas de España desde hace 115 años. Entre los millares de cajas con documentos se identifica fácilmente las referidas a España junto a los códigos supuestamente secretos de más de dos docenas de naciones, amigos y enemigos. Como testigos mudos de un pasado que ahora se hace más presente que nunca —con las revelaciones del exanalista Edward Snowden—, se encuentran los libros de las claves españolas utilizadas durante el siglo XX que ni se pueden encontrar en España.
Los documentos se remontan a la guerra de Cuba. Para conocer los movimientos militares españoles, la Oficina de Inteligencia de la Armada de EE UU interceptó el cable submarino que conectaba la isla con la Península y contó con espías en la Oficina de Correos de La Habana. Desde entonces, Washington tuvo acceso a los códigos secretos del Ministerio de Estado (hoy Exteriores).
En los archivos de la NSA están las claves telegráficas de José A. March (1894), Liebér (1903), Darhan (1912), o la compuesta por el duque de Vistahermosa y Alberto de Aguilar y Gómez Acebo en 1915 —base de sucesivas ediciones que se usaron hasta los años treinta—, junto a numerosos telegramas procedentes de embajadas y consulados como Washington o Santo Domingo.
Esto deja al descubierto que Estados Unidos, con la ayuda de Reino Unido, conoció las instrucciones diplomáticas remitidas por el conde de Romanones, presidente del Gobierno español al inicio de la I Guerra Mundial, donde la neutralidad española fue decisiva para la contienda. Hoy sabemos que Londres rompió, como dicen los criptoanalistas, los códigos y claves españolas en esa guerra al infiltrarse en la Embajada española en Panamá. El 24 de agosto de 1918 entregaron copia a la Oficina de Cifra norteamericana —conocida como MI-8 o Black Chamber—, dirigida por el mítico Herbet O. Yardley, quien se puso inmediatamente manos a la obra. En pocas semanas y con ayuda de una espía infiltrada como secretaria en la delegación española en Washington, a la que bautizó como señorita Abbott, Yardley logró descifrar la clave —que denominó Número 74—. El trabajo continuó posteriormente, ya que obtuvieron copia, por ejemplo, de la clave telegráfica 04, utilizada para los telegramas diplomáticos españoles entre 1917 y 1931.
La Guerra Civil tampoco fue una excepción, y aunque Franco logró que Hitler le vendiera máquinas Enigma, supuestamente uno de los sistemas más seguros que había en la época, los británicos lograron descifrarla desde abril de 1937. Con ello, Londres, y Washington, con quien compartió parte de la información, disponían de las instrucciones secretas enviadas por Franco a sus principales generales.
Ya en la década de los años cuarenta del siglo XX, nada escapaba a los ojos y oídos del espionaje norteamericano. Imaginemos qué ocurre ahora.
Rafael Moreno Izquierdo es periodista y profesor de la Universidad Complutense de Madrid.

Saturday, November 9, 2013

word formation- SUFFIXES




source:  wiki: English words by suffix

Suffixes    -th - some  -oholic  -dom  -ling  -le


1. Suffix  -th     “-th”, abstract nominal suffix

  1. (rare) Forming nouns from verbs of action.
    berth, blowth, drawth,, growth, health, sight, spilth, stealth, theft, weight
  2. (rare) Forming nouns from adjectives.
    breadth, dearth, depth, filth, height/heighth, length, 
    roomth, strength, troth, truth, slowth, wealth, width, wrength, youngth 
>> related to  English words ending with the suffix -hood.

2. Suffix -some

Etymology 1

(“-some, same as”)  characterized by some specific condition or quality


Etymology 3

Forming nouns denoting the condition or state 

apedom, boredom, freedom, heirdom, martyrdom, saintdom, whoredom, wisdom

3. Suffix -dom

Etymology 1

Forming nouns denoting the domain or jurisdiccion.

Christendom, computerdom, dukedom, fandom, kingdom, moviedom, planetdom

 

Etymology 2

Forming nouns denoting the condition or state 

apedom, boredom, freedom, heirdom, martyrdom, saintdom, whoredom, wisdom


4. Suffix  -oholic
    Used to make nouns and adjectives describing someone who is addicted to something or feels a compulsion to do something.
    1. Derived terms

    4. Suffix -ling

    Etymology 1

    A diminutive modifier of nouns having the physical sense of "a younger, smaller or inferior" version

    buckling, darling, daughterling,duckling,  fatling, gosling, lordling, princeling

     

    Etymology 2
    the derived sense indicating possession of or connection with a quality, which may having the sense of "a follower or resident

    5. Suffix  -le

    Etymology 1

    A frequentative suffix of verbs, indicating repetition or continuousness:
    buzzle, crackle, dazzle,  drawl, dribble, drizzle, gamble, grapple, handle, mingle, nestle, nuzzle, prattle, 
    ramble, rattle, scribble, sizzle, smartle, sniffle, startle,  tickle, topple, waggle, wiggle, wrestle
    Etymology 2
    A suffix forming adjectives from verbs with the meaning of "prone to", "tending to", "apt to", "capable of"; compare -ative:

    Etymology 3

    A suffix forming agent nouns from verbs:
    beadle, beetle, bridle, bundle, cripple, girdle, ladle, shovel, spindle, spittle, steeple, thimble, tool, towel, 

    Etymology 4

    A suffix forming diminutives from other nouns; compare -ling:
    bramble, dimple, kernel, nozzle, 

    Matrix Verbs and the Complementation Patterns

    Commonly Used Matrix Verbs and the Complementation Patterns They Co-occur With

    This lengthy but not exhaustive appendix lists seventy-five English verbs that are commonly used in the main clause of our subordinate clause or tenseless com- plement sentences. The appendix gives the nine complementation patterns dis- cussed in this chapter 

     It should also be noted that given the complexity of English complementation, not all native speakers will agree on the grammaticality of all matrix plus complementation patterns pre- sented here.

    1. The complement is a subordinate that-clause, with the clause’s verb in the subjunctive. 
    (Example: I prefer that she sing lullabies.

    2. The complement is a subordinate that-clause, with the clause’s verb in the indicative. 
    (Example: I know that she sings lullabies. 
    Footnote: In this example, the matrix verb ends in the characteristic 3.sg.pres tense /z/ morpheme.)

    3. The complement is an infinitive. Pattern 3 is characterized by equi-deletion with retention of the infinitive marker to. 
    (Example: I prefer to sing.)

    4. The complement is an infinitive. Pattern 4 entails raising to object, and the infinitive marker (to) is deleted in the process. 
    (Example: I made her sing.) 

    5. The complement is an infinitive. Pattern 5 entails raising to object, and the infinitive marker to is retained. 
    (Example: I prefer her to sing lullabies.) 

    6. The complement is an infinitive. Pattern 6 entails raising to object, and the infinitive marker to is complemented by the discontinuous pre-posed for.
    (Example: I prefer for her to sing.) 

    7. The complement is a gerund. Pattern 7 is characterized by equi-deletion.
    (Example: I prefer singing.) 

    8. The complement is a gerund. Pattern 8 entails raising to object. 
    (Example: I prefer him singing, not chanting.) 

    9. The complement is a gerund. Pattern 9 entails raising to genitive (specifically, a possessive determiner). 
    (Example: I prefer his singing.)


    DIALECT VARIATIONS item 1. Subjunctive with that:
    in AmE in mandative clauses:
    They suggested that he apply for the job.
    In BrE, 
           They suggested that he should apply for the job 
           They suggested that he applied for the job). 

    Same SAMPLES:
    allow
    5. I allowed her to sing endlessly.
    6. ?I allowed for her to sing endlessly.
    7. I allow singing in my tavern.
    9. I allowed his singing to go on and on.
    Be  awful
    2. It’s awful that she sings for her supper.
    3. It’s awful to sing in front of such an audience.
    6. It’s awful for her to sing in front of those people.
    know
    2. I know that she sings on Sundays.
    5. I know her to sing on Sundays.
    6. I have known for her to sing on Sundays.
    7. I know singing.
    9. I know his singing.
    like
    3. I like to sing. 5. I like him to sing.
    6. I like for him to sing.
    7. I like singing.
    8. I used to like him singing all day long.
    9. I used to like his singing all day long.
    make (obligate)
    I made her sing.
    order
    1. I order that she sing.
    5. I ordered her to sing.
    6. I ordered for her to sing.
    7. I ordered singing, not violin playing.
    suggest
    1. I suggested that she sing. 
    6. I suggest for her to sing. 
    7. I suggest singing. 
    9. I suggest her singing.

    wish
    3. I wish to sing right now. 
    5. I wish him to sing right now. 
    6. I wished for him to sing immediately.

    Tuesday, November 5, 2013

    the future of education in SPAIN-

    From  ELPAIS.COM                                  

    Brussels slams Spain's latest claims on Erasmus funding as "rubbish"

    EC dismisses minister's announcement that budget for exchange program will see fall in students“The statement by the Spanish minister suggesting that the Erasmus budget would be cut and that the number of Erasmus students in Spain would be reduced by half due to new EU funding criteria is completely wrong,” said Abbott during a press conference in Brussels on Tuesday morning. Spain not only did not oppose the new system, but also voted in favor, Abbott explained. Speaking in some of the strongest terms seen in Brussels regarding Spanish policy, the spokesman even went so far as to describe the Spanish Education Ministry’s announcement as “rubbish.”

    rubbish n

    (talk: nonsense)sandeces nfpl
     chorradas nfpl

    rubbish adj

    UK, informal, figurative
    (bad, worthless)

    four pieces of news in early november

    1)  State Erasmus grants to be slashed for most students

    Only those with lowest economic means to continue receiving 180-euro monthly contribution



    State Erasmus grants have fallen by 71 percent since 2011, from 67.2 million euros to 18 million euros forecast for next year. Around 39,000 Spanish students took part in the program in the 2011-12 academic year.

    students lose funds vital to continuing their studies abroad halfway through the academic year.

    A student in the prestigious foreign-exchange program will just get the part of the grant that comes from the European Commission (an average of 133 euros a month) and the part from the Spanish region where they are based (for example, 200 euros in Catalonia, or 272 in Andalusia).

    3) “Adopt-a-student” scheme floated to pay spiraling college fees

    Some university presidents cautious about shifting burden to private sector


    4 )  "They didn't commit to keeping next year's grants," say Erasmus defenders

    Students across Europe hail decision to reverse cutbacks, but warn that fight is not over

     "Erasmus is Europe." "People got as upset as ourselves over this, and that was the key," the group members explain. "Without this collaborative effort, none of the things we did would have been of any use."   
    Within the first 12 hours, their Facebook page had 4,000 followers. By the time the minister went back on his decision, there were over 9,000. By then they had also created a website. The fight is not over. But for now, they are celebrating their first victory with the Twitter hashtag #erasmusWin.




    35   Viñetas